Tras varios días intensos de sesiones en la ludoteca de Braga, hoy decidimos plantear una jornada diferente, en la que integrar los valores de sostenibilidad con el potencial educativo de los juegos de mesa. Para ello, nos desplazamos hasta el magnífico estuario del Cávado, un entorno natural de gran valor ecológico que ofrecía el contexto perfecto para la actividad del día.
Allí, Alberto nos presentó el juego Wingspan, un juego de estrategia y observación en el que los jugadores asumen el papel de ornitólogos que intentan atraer aves a sus reservas naturales. A través de sus mecánicas, el juego fomenta la curiosidad por la biodiversidad, la comprensión de los ecosistemas y el valor de la conservación. Una herramienta excelente para trabajar transversalmente la educación ambiental desde asignaturas como Biología, Ciencias Naturales o incluso Geografía.
Inspirados por este planteamiento, realizamos una ruta a pie siguiendo el curso del río hasta su desembocadura en el océano Atlántico. La caminata fue muy agradable y culminó en una playa que nos regaló una imagen casi mágica: totalmente solos, sin nadie alrededor, con el mar a nuestra entera disposición. Eso sí, el tiempo no terminó de acompañar —al menos según nuestro estándar de temperatura— y tuvimos que conformarnos con disfrutar del entorno sin darnos un chapuzón.
Después de un aperitivo al borde del mar, Alberto nos propuso una nueva dinámica con el juego de cartas “Pit”, una propuesta tan sencilla como divertida, basada en la negociación y la rapidez, que nos hizo reír y competir en un ambiente distendido.
El hambre apretaba y pusimos rumbo a Adega de Agostinho, un restaurante muy recomendable donde llegamos casi en el cierre… pero tuvieron la generosidad de atendernos y ofrecernos una auténtica comida de campeonato. El arroz de marisco fue, sin duda, uno de los grandes protagonistas del día.
Con el estómago satisfecho y tras un paseo por la preciosa playa de Apúlia, tocaba recoger todo y despedirnos de Braga. Cerramos así la primera etapa de esta semana de formación, con la sensación de haber aprendido mucho —también fuera del aula— en un entorno enriquecedor y lleno de estímulos.
Pusimos rumbo a Oporto, ciudad conocida por su historia, su puente de hierro sobre el Duero, su vino mundialmente famoso y sus callejuelas empedradas llenas de vida. Una ciudad vibrante que nos acoge ahora para comenzar la segunda parte de esta aventura Erasmus.
Seguimos trabajando, seguimos aprendiendo.
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