Nuestra primera jornada escolar comenzó temprano, muy temprano. A las 7:15 de la mañana ya habíamos quedado con Esme a apenas cinco minutos de nuestro hotel para afrontar una media hora de trayecto en coche que nos dejaría a las puertas del centro. La primera estampa al llegar disipó cualquier duda: la bicicleta aquí no es un medio de transporte, es una auténtica religión. La inmensa mayoría de los estudiantes acude al centro pedaleando, desafiando las distancias y el clima. Ya dentro de las instalaciones, nos sorprendieron algunos datos de la radiografía organizativa del centro: cuentan con un claustro de 120 profesores (algunos a jornada parcial), de los cuales 40 están vinculados a programas internacionales y 6 forman el núcleo duro del equipo Erasmus. Nos llamó poderosamente la atención la ausencia de timbres para marcar los cambios de clase (todo fluye de manera orgánica), así como la existencia de espacios muy específicos: una detention room para la gestión de la convivencia, un...
A pesar del cansancio acumulado y de una noche en vela, la ilusión de comenzar nuestra movilidad Erasmus+ pudo con el sueño. Nuestra ruta comenzó de madrugada: Rubén saliendo de Alcántara, parada obligatoria para la recogida en Cáceres y rumbo directo a Madrid a la 1:00 de la mañana. Con el cuerpo aún adaptándose al horario y tras un vuelo que despegó a las 7:00, aterrizamos en Ámsterdam antes de las 10:00 de la mañana. Teníamos por delante todo un día y, sobre todo, una ciudad fascinante por descubrir. Las ganas y la adrenalina ganaron la batalla al agotamiento, así que nos lanzamos de lleno a exprimir la jornada recorriendo los enclaves más típicos de la capital holandesa. El destino nos tenía guardada una sorpresa: al llegar a la famosa zona de los museos, nos encontramos con un vibrante festival de food trucks y una noria gigante que coronaba el lugar. Para nuestro asombro, Ámsterdam nos recibió con un calor asfixiante, inusual para estas latitudes e intenso incluso para nosotros,...