Arrancamos nuestra tercera jornada con una de las experiencias más enriquecedoras de lo que llevamos de movilidad: un encuentro directo con los alumnos. Guiados por Arjen, quien preparó una dinámica magnífica para romper el hielo y espolear el debate, tuvimos la oportunidad de charlar abiertamente con ellos. Para dinamizar la sesión, el profesor proyectó varios enunciados en la pizarra para que los estudiantes argumentaran si eran true or false (verdadero o falso), y posteriormente evaluaron diferentes propuestas otorgándoles notas.
Gracias a este diálogo, descubrimos detalles fascinantes de su día a día académico. Nos llamó mucho la atención que, justo antes de las vacaciones, dedican tres semanas completas a actividades especiales, dejando a un lado las clases convencionales. También nos contaron que la ratio media en esta escuela es de 24 alumnos (con un máximo de 32) y que su jornada incluye tres recreos; un dato curioso es que los propios alumnos nos confesaron que este último descanso les parece totalmente innecesario. Además, mostraron un enorme interés por los intercambios internacionales, buscando siempre la oportunidad de abrirse al exterior.
La mañana continuó con una actividad frenética y estimulante: un speed dating pedagógico con profesores del centro. En rondas de conversación de unos 15 o 20 minutos, pudimos intercambiar impresiones con distintos perfiles del claustro. Compartimos impresiones con Mark Meijering, el profesor de Arte; después, charlamos con la profesora de Química, quien nos detalló cómo organizan sus experimentos de pH y nos descubrió una figura que nos dio cierta envidia sana: cuentan con un asistente de laboratorio específico. Por último, nos entrevistamos con los responsables del aula de Pre-vocational training (orientación preprofesional). Sus instalaciones nos dejaron boquiabiertos: un despliegue de recursos que incluía desde impresoras 3D hasta material sanitario como camas articuladas y sillas de ruedas, pasando por unas cocinas dignas de una escuela profesional de alta hostelería.
Tras un agradable almuerzo de trabajo con Esme, nos dirigimos de nuevo al aula con Arjen, esta vez para asistir a una clase de Economía. El profesor, muy atento, le prestó a Alejandro un libro de texto de la materia; al tratarse de la versión en inglés, nos permitió hacernos una idea de los contenidos en este país, muy similares a los nuestros en España. La clase resultó ser por momentos dinámica: lejos de quedarse estáticos en las sillas, los alumnos se levantaban para resolver ejercicios y escribir en pizarras blancas individuales convenientemente repartidas por el aula. El propio Arjen nos comentó de manera informal que el contenido que estaban trabajando era una de las partes más complejas del temario y de las que menos suele gustar a los estudiantes, pero vimos como la metodología activa logró mantenerlos enganchados. También comprobamos que los alumnos participan en clase con intervenciones ordenadas y de forma educada. Sorprende que no hemos visto a ningún profesor llamar la atención a alumnos por su comportamiento, tanto dentro como fuera del aula.
Regresamos al hotel con la sensación de que escuchar todas las voces de una comunidad educativa —desde el alumnado hasta los especialistas de taller— es la única forma de entender un sistema de manera global.
Invertir tiempo en escuchar, debatir y compartir con otros docentes es, sin duda, construir un legado que llevaremos de vuelta a nuestras aulas. ¡Seguimos trabajando, seguimos aprendiendo!











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