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Crónica del Día 1: Inmersión en el aula holandesa, bicicletas y sello propio

Nuestra primera jornada escolar comenzó temprano, muy temprano. A las 7:15 de la mañana ya habíamos quedado con Esme a apenas cinco minutos de nuestro hotel para afrontar una media hora de trayecto en coche que nos dejaría a las puertas del centro. La primera estampa al llegar disipó cualquier duda: la bicicleta aquí no es un medio de transporte, es una auténtica religión. La inmensa mayoría de los estudiantes acude al centro pedaleando, desafiando las distancias y el clima.

Ya dentro de las instalaciones, nos sorprendieron algunos datos de la radiografía organizativa del centro: cuentan con un claustro de 120 profesores (algunos a jornada parcial), de los cuales 40 están vinculados a programas internacionales y 6 forman el núcleo duro del equipo Erasmus. Nos llamó poderosamente la atención la ausencia de timbres para marcar los cambios de clase (todo fluye de manera orgánica), así como la existencia de espacios muy específicos: una detention room para la gestión de la convivencia, una sala de atención especial para alumnos con necesidades educativas y un taller especializado de preparación para la Formación Profesional (FP).

Nuestra jornada de observación de clases propiamente dicha fue de lo más variada. Comenzamos con Argen en la materia de Educación Cívica. Ante unos 30 alumnos extraordinariamente respetuosos, presenciamos una clase que combinaba la lección magistral con dinámicas muy activas de filosofía, sociología y ética. El profesor utilizaba una pelota que lanzaba a los alumnos para dinamizar el turno de palabra y generar debate. Durante la sesión, orientada al ámbito sanitario (oncologisch tandheelkundige / verslavingstandheelkundige), proyectó un vídeo de YouTube con imágenes crudas de una consulta dental (¡el profesor, muy atento, incluso nos pidió disculpas por el realismo de las imágenes!).

Después nos trasladamos al aula de Biología con Anabeth. Nos camuflamos entre los 23 alumnos sentándonos directamente con ellos en los pupitres. La sesión arrancó de forma muy interactiva con una presentación donde la profesora lanzaba preguntas clave: qué es la eutrofización, cómo se forma y cómo podemos prolongar la vida útil de los alimentos. Tras la introducción, les planteó unos ejercicios en la pizarra para resolver autónamente con el libro durante 15 minutos, momento en el que Anabeth, muy amable, nos prestó un manual para que pudiéramos seguir la tarea. La dinámica de clase y la participación ordenada nos resultaron muy familiares, aunque nos llamaron la atención los detalles de las instalaciones: columnas abatibles con grifos de gas incluidos, tomas de alimentación y fregaderos al fondo del aula. Como anécdota, al preguntar a los compañeros de pupitre sobre su transporte, confirmamos el patrón: ¡todos venían en bici menos uno, que utilizaba el metro!

Tras una agradable pausa para la comida, retomamos la actividad asistiendo a una clase de Inglés equivalente a un nivel de 2º de la ESO. Se trataba de un grupo muy reducido, de apenas 9 alumnos, lo que permitía una atención muy personalizada. La sesión arrancó de forma distendida discutiendo durante un minuto sobre sus mascotas, para luego pasar a una estructura muy pautada con instrucciones en la pantalla digital, aunque el desarrollo del trabajo de los alumnos fue totalmente analógico.

El broche de oro de la jornada lo pusimos nosotros mismos. Tuvimos la oportunidad de realizar una presentación oficial de nuestro centro educativo. Ante los compañeros holandeses, explicamos con orgullo de dónde venimos, desgranamos los diferentes proyectos que llevamos a cabo en nuestro día a día y expusimos nuestro plan de internacionalización. Fue un momento muy gratificante, ya que pudimos visibilizar el enorme trabajo que hay detrás y poner en valor la estrategia que, precisamente, nos ha llevado hasta aquí para realizar este jobshadowing.

Volvemos al hotel con la libreta de notas a rebosar y con la certeza de que tender estos puentes internacionales enriquece a ambas comunidades educativas.

Como afirmaba el pedagogo brasileño Paulo Freire: "La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo". Hoy hemos visto a muchos futuros profesionales listos para ese cambio. ¡Seguimos trabajando, seguimos aprendiendo!




















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