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Crónica día 3: entre sustos, engranajes y aprendizajes

 








La jornada comenzó con una dosis inesperada de adrenalina: el ascensor de nuestro apartamento, quizá con vocación dramática, decidió no abrir sus puertas al llegar a destino. Encerrados dentro, pasamos del desconcierto a una activación frenética de botones que haría temblar a cualquier panel de control. Nada funcionaba. Pero, como en toda buena historia con final feliz, el elevador acabó recapacitando y se abrió por su cuenta, liberándonos al fin. Un pequeño susto matutino que quedará como anécdota de esta aventura.


Ya en la ludoteca —ese espacio que empezamos a sentir como segunda casa— retomamos la rutina y nos sentamos en torno a la mesa para conocer en profundidad Tzolkin, un juego de mesa muy celebrado entre los aficionados al género. Ambientado en el mundo maya, este juego gira en torno a una mecánica de engranajes que avanzan con el paso del tiempo y que condicionan las decisiones estratégicas de cada jugador. Se trata de gestionar recursos, desarrollar habilidades y planificar a medio-largo plazo, teniendo en cuenta que cada acción influye en las siguientes. En términos educativos, puede ser útil para entrenar competencias como aprender a aprender, razonamiento lógico y toma de decisiones, aunque su complejidad lo hace más adecuado para contextos extracurriculares o talleres específicos.


Durante la mañana también tuvimos el placer de conocer Miguel Pires, presidente de la União da fregresia de Braga , que se acercó para saludarnos y posar con nosotros en una foto para el recuerdo.

Otro de los juegos que descubrimos hoy fue Splendor, un clásico moderno en el que los jugadores asumen el rol de comerciantes renacentistas que compiten por adquirir gemas y atraer a nobles mediante la inversión en cartas y recursos. Su mecánica sencilla pero estratégica lo hace muy versátil en el aula: permite trabajar matemáticas básicas, lógica, pensamiento estratégico y toma de decisiones. Es un juego ideal para introducir dinámicas de gamificación sin requerir una curva de aprendizaje demasiado elevada.


Y por si fuera poco, descubrimos una joya inesperada: Crokinole, un juego canadiense de destreza física y precisión. El objetivo es sencillo: lanzar discos con el dedo hacia una zona central, intentando desplazar los del rival. ¿Lo mejor? Su potencial educativo. Nos pareció una oportunidad perfecta para diseñar una situación de aprendizaje en Tecnología, en la que el alumnado construya su propio tablero como proyecto práctico. Una actividad ideal para trabajar habilidades motrices, planificación, materiales y diseño. Una idea que ya hemos anotado para desarrollar a la vuelta.


Con todo este nuevo arsenal de ideas y posibilidades rondando en nuestras cabezas, dimos por concluido nuestro último día de formación en Braga. Mañana cambiaremos de escenario y pondremos rumbo a Oporto, donde continuará esta experiencia de aprendizaje, colaboración y descubrimiento. Seguimos aprendiendo. Seguimos jugando. Seguimos caminando.

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