El segundo día de formación en Braga comenzó con una pequeña sorpresa que rompió la rutina del trayecto hacia nuestro ya familiar punto de encuentro: la ludoteca municipal. Justo al lado, el mercado semanal desplegaba su bullicio entre puestos de fruta, ropa y todo tipo de artículos. Algunos compañeros del curso, emocionados por la posibilidad de una escapada al mercadillo, soñaban con encontrar algún recuerdo local. Pero pronto comprendimos que la mañana no estaba para compras, sino para algo mucho más valioso: otra intensa jornada de aprendizaje a través del juego.
La sesión de hoy volvió a estar liderada por Alberto, nuestro ya conocido formador, cuya energía contagiosa y profundo conocimiento del mundo lúdico siguen marcando la pauta del curso. Si ayer ya nos abrió el apetito con sus propuestas, hoy redobló la apuesta presentándonos una nueva tanda de juegos de mesa, cada uno con su propio potencial pedagógico y social.
Nos llamó la atención cómo Alberto ilustraba el uso del juego en contextos que van más allá del aula. Mencionó, por ejemplo, cómo trabajadores de grandes superficies como Leroy Merlín han utilizado juegos cooperativos como Pandemic o PI para fortalecer dinámicas de grupo. Un claro ejemplo de cómo el juego puede traspasar las fronteras del ocio y convertirse en una herramienta formativa en distintos ámbitos.
Otra reflexión interesante giró en torno al juego como transmisor de conocimiento. Existen juegos ambientados en acontecimientos o personajes históricos (aquí nos acordamos especialmente de nuestras compañeras de Geografía e Historia) —la Segunda Guerra Mundial, el Imperio Romano, Gandhi— que permiten a los participantes aprender de forma vivencial y significativa. Porque sí, los juegos también pueden enseñar historia, filosofía, estrategia… y valores. De la misma forma muchos de estos juegos implican tomar decisiones y su consecuente coste de oportunidad, que conecta directamente con la materia de Economía.
También hubo tiempo para desmontar mitos: no, los juegos de mesa no compiten con el mundo digital. Son realidades que coexisten y se complementan. Para demostrarlo, Alberto nos presentó títulos como Mansions of Madness, un juego que integra perfectamente lo analógico con lo digital. Porque en el fondo, como él mismo señaló, jugar no siempre significa ganar o siquiera terminar una partida: muchas veces, lo valioso está en la experiencia compartida.
En medio de esta intensa jornada, recibimos la visita inesperada de una periodista local interesada en conocer de primera mano qué estábamos haciendo en ese singular espacio de formación. Nuestra compañera Ivana fue la encargada de poner voz a nuestras impresiones y de transmitir lo enriquecedor que está siendo vivir esta experiencia en un entorno tan inspirador como la ludoteca de Braga.
Terminamos el día con un montón de ideas en la cabeza y una lista de juegos que bien podrían colarse en nuestras mochilas de regreso: PI, Pandemic, Fire in the Lake, Gandhi, Tzolk’in, Don Quixote, La Isla Prohibida, Private Ryan, Mansions of Madness… y los que vendrán. Porque esto no ha hecho más que empezar.
Seguimos trabajando, seguimos aprendiendo… y seguimos jugando.
Comentarios
Publicar un comentario