Y llegamos al tercer día de nuestra experiencia Erasmus en Marco de Canaveses. Después de una jornada intensa y enriquecedora como la del martes, despertamos con esa mezcla de cansancio y entusiasmo que solo se consigue en este tipo de aventuras formativas. El cuerpo acusaba el esfuerzo, pero la mente pedía más.
Para arrancar con buen pie, decidimos cambiar de aires (o mejor dicho, de café) y darle una oportunidad a otro clásico local: las tostadas con manteiga portuguesas. La elección del lugar no fue al azar: Trenó Coffee & Brunch nos ofreció exactamente lo que necesitábamos. Prueba superada. Las tostadas cumplieron con las expectativas y nos dieron el empujón necesario para empezar la jornada con energía renovada.
El programa marcaba un encuentro con Elsa, responsable del centro de formación del agrupamiento de Marco de Canaveses y Cinfães. Por cuestiones de agenda, la reunión comenzó con un pequeño retraso, pero nada que no se resolviera con paciencia (y con otra ronda de conversación animada, como nos gusta). Cuando por fin nos pusimos manos a la obra, la charla fue tan interesante como intensa: hablamos de formación del profesorado, evaluación docente y carrera profesional. En Portugal, el progreso del profesorado se mide con una escala del 1 al 10, y alcanzar cada nivel conlleva un proceso evaluativo exigente que incluye evaluaciones de profesionales externos e internos con diferentes herramientas. Una idea que, aunque aún no ha llegado a nuestra comunidad, lleva tiempo sobre la mesa en muchos debates educativos.
Después del encuentro, retomamos la conversación con Madalena, ya casi una compañera de claustro más para nosotros. Con ella reflexionamos sobre esa gran paradoja del programa Erasmus: exige mucho, implica tiempo, esfuerzo y papeleo… pero una vez te atrapa, no puedes dejarlo. Lo vivimos en nuestras carnes. Entre anécdotas e intercambios de experiencias pasadas, también compartimos un deseo: ojalá pronto podamos organizar una movilidad con alumnado y seguir construyendo puentes entre nuestras escuelas.
Como cierre a la jornada matinal, volvimos a la cantina del instituto, convertida ya en punto neurálgico de encuentros y sobremesas. Esta vez la conversación giró en torno a un tema complejo pero fundamental: la gestión del personal no docente. Nos acompañaron José Antonio y Marta, y con ellos desgranamos retos, realidades y diferencias de contexto entre ambos sistemas. Trabajo encubierto, lo sabemos. Pero es que cuando el entorno es tan estimulante, ni el almuerzo nos aleja del intercambio profesional.
La tarde nos tenía preparada una sorpresa especial. La generosidad Erasmus es una constante, y hoy vino en forma de visita guiada a Oporto. Madalena, acompañada por Casimiro (su marido), se convirtió en nuestra anfitriona local en una ciudad que no necesita carta de presentación, aunque sí una buena guía para sortear las actuales obras del metro.
Desde el Palacio de la Bolsa hasta el Café Majestic, pasando por el Mercado do Bolhão, la Torre de los Clérigos, la estación de São Bento y la Catedral, fuimos encadenando postales en movimiento hasta llegar a la Ribeira. Allí, tras bajar por unas escaleras que nos parecieron un pequeño viaje en el tiempo, cruzamos hasta Vila Nova de Gaia. Y como colofón, una cena inolvidable con vistas al río Douro, a la que se unieron Beatriz y Cristian, hija y yerno de Madalena, en un restaurante especializado en bacalao (cómo no).
No podemos estar más agradecidos a Madalena y su familia, por supuesto, pero también a Márcia, Marta y todo el equipo directivo y educativo del Marco de Canaveses. No solo nos están facilitando una experiencia formativa de gran calidad, sino que nos están mostrando lo mejor de su cultura, su sistema educativo y su hospitalidad. Esta estancia no sería la misma sin su dedicación, cercanía y entusiasmo. Esperamos poder corresponderles cuando, más pronto que tarde, se animen a cruzar la frontera y vengan a conocernos.
Seguimos trabajando, seguimos aprendiendo.
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