Con el coche en marcha y sin parar de hablar (de esto, de lo otro y de lo de más allá), iniciamos el viaje. La lluvia, que no quiso perderse la excursión, nos acompañó durante parte del trayecto. A cambio, nos regaló un paisaje de esos que invitan a mirar por la ventana: realmente bonita la orografía de la zona.
Por supuesto, el GPS, fiel compañero en estas aventuras, decidió añadir un poco de emoción al viaje con una pequeña travesura: una parada improvisada en medio de la nada para resolver el entuerto en el que nos había metido.
Finalmente, llegamos a destino. Filomena, nuestra anfitriona, nos recibió con una sonrisa y con algo que cualquier viajero agradece más que una contraseña de wifi: un kit de bienvenida con queso, fruta y una botella de vino. También vino a visitarnos Madalena, la socia portuguesa con la que hemos trabajado para realizar esta movilidad. Todo un detalle venir a darnos la bienvenida y a desearnos un buen descanso antes del nuestra jornada laboral.
En la casa, nos esperaba una sorpresa más: Chica, una burra que vive en el jardín de la casa y que nos observó con una mezcla de curiosidad y sabiduría ancestral. Ya os iremos contando cómo evoluciona nuestra relación. De momento, nos ha regalado su mágica mirada. No está nada mal para un primer encuentro.
Cenamos en un restaurante agradable donde la camarera nos atendió con simpatía y paciencia, y pudimos degustar una buena muestra de gastronomía portuguesa. Y, como buenos exploradores, antes de recogernos decidimos hacer una última parada: localizar el camino al instituto donde, al día siguiente, nos esperaran nuestros colegas portugueses.
Que empiece la semana. Este lunes promete.
A disfrutar y aprender.
ResponderEliminar