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Día 4. Excursión pasada por agua.

Hoy empezó el día pasado por agua, madrugando como siempre, aunque por lo menos podemos dormir en el autobús que nos lleva de excursión a Roccascalegna, un pueblo situado a una hora de Vasto donde se puede visitar un castillo medieval construido encima de una roca. Como no paraba de llover, nuestras familias de acogida nos prestaron paraguas. Todos eran discretos, menos los paraguas de Adrián y de Pablo Alba. Ellos no se perdían, desde luego. Subimos “escalando” hasta el castillo (imaginad subir por una escalera de piedra que estaba mojada… uff).


Ya en el castillo, vimos una sala con objetos de tortura. También entramos en otra habitación con cuadros y una cocina del S. XVII (tenía Rumba, Air Frayer y horno).

Más tarde, bajamos por el mismo sitio que subimos, y todos lo hicimos "relativamente" bien.

Nos montamos en el bus y nos fuimos por unas carreteras muy parecidas a las de nuestra tierra. No sabíamos si estábamos en la Vera o en el Abruzzo. Paramos en un restaurante para comer una deliciosa pasta con tomate y filetes empanados con patatas fritas (típico menú infantil español), eso sí, estaba muy bueno, todo hay que decirlo.

Cuando terminamos de comer, visitamos una iglesia románica, “San Giovanni in Venere”, con sus arcos bien redondos, en el mismo pueblo. En su abadía había un claustro como en el Conventual de San Benito. 


Cuando terminamos la visita, todos salimos a correr hacia el bus porque llovía mucho y los otros compañeros nos iban a quitar el sitio. En el trayecto, a Pablo Alba se le salió la zapatilla y corrió 3 metros con el pie sin ella hasta que se dio cuenta.

Ya con los pies secos (todos menos Pablo), nos subimos al bus otra vez y con el altavoz pusimos música española para amenizar el trayecto.

A las 5 estábamos de vuelta en el instituto donde nos esperaban nuestras familias de acogida para llevarnos a casa. Una excursión pasada por agua, sí, pero una experiencia, una vez más inolvidable.


Pablo L.











Crónica jobshadowing.

Jueves 27. El día amanece lluvioso. No hay problema, nos adaptamos; paraguas ☂ y chubasquero. Nos han organizado una excursión a la zona de montaña. Recorremos carreteras sinuosas entre bosques y prados verdes y al fondo el Apenino nevado. A una hora en autobús llegamos a un pueblo para ver el castillo medieval de Roccascalegna. Un guía nos explica su historia. Desde allí la vista es espectacular. Tras la visita, al horno. Una señora nos recomienda dulces y pasta, una verdadera nonna italiana. El olor a dulce y su conversación nos acoge, pero debemos seguir. La siguiente parada es un cementerio de la Segunda Guerra Mundial, miles de jóvenes soldados de diferentes nacionalidades que perdieron su vida y, en formación, descansan desde 1943. A la hora de comer nos llevan a una trattoria. De primero pasta casera (este sabor solo podemos encontrarlo  aquí). Stefano nos explica las 3 reglas de oro en Italia: no cortar los espaguetis con el cuchillo, no beber capuchino a partir de las 10 y no mezclar pescado con queso. Solo hay una que cumplimos.
La comida se alarga porque aprovechamos para intercambiar experiencias con nuestros colegas letones e italianos, y llegamos a la conclusión de que a pesar de  las aparentes diferencias tenemos muchos aspectos en común, mismos objetivos, iguales dificultades (y ellos también lo beben siempre con leche). Para terminar la excursión, nos acercamos a una colina que se asoma al Adriático, y en ese lugar tan especial encontramos la Abadía Cisterciense de San Giuseppe in Venere de estilo Románico del S. XII sobrio, de gran belleza; los frescos, el claustro. Todo nos transporta en el tiempo... Pero el sonido del autobús nos devuelve al  mundanal ruido... Mañana más.






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